Conciliar hay que proponérselo

pablo escribió esto alrededor de la hora de comer:

Soy padre de una niña preciosa de 2 años y cada vez que llego a casa y mi hija me dice “papi, te quiero mucho�, yo claro, alucino y pienso  “pero que suerte hemos tenido�. Todo empezó cuando mi mujer por motivos de trabajo me planteó mi derecho y obligación a la conciliación por lo que tenía que llegar varias tardes muy pronto del trabajo. Esto era inusual para mí, incomprensible y pensé que no me podría organizar por la cantidad de horas que pasaba en el trabajo , y por tanto me negué rotundamente. El planteamiento inicial fue un sí o sí, por parte de mi mujer, pues ya había adquirido compromisos de ocio y trabajo a los cuales ella no podía renunciar.

Así que decidí asumirlo y disfrutarlo. Aunque me quejé ante ella para hacer valer mi derecho, el  mero disfrute del tiempo que pasé con mi hija, en la primera semana, me hizo olvidar esa línea de negociación con mi mujer, pues se veía reflejado en mi cara lo mucho que había disfrutado yendo al parque con la enana, bañándola y jugando con ella.  Esa semana mi hija estaba más próxima a mí, que a su madre. Adquirimos más afinidad, y comprendí que los hijos son crueles, pues según el tiempo que pases con ellos, así te tratarán y en algunos casos, te podrán hasta negar el saludo.

Ahora que mi conciliación es rutina, la niña va creciendo y me comunico más con ella, pues habla por los codos, lo cual resulta más divertido. Ahora ya no renunciaría a ese tiempo con ella. Mi mujer está contenta, yo también y la niña también, y lo que es más importante, mi trabajo sale igual de bien, por no decir mejor, pues me organizo de otra manera para ser mucho más productivo al tener menos horas disponibles para trabajar. Ha sido cuestión de tiempo y mentalización pero al final he conseguido ser  más productivo en el trabajo y más feliz en mi vida privada y profesional.

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