5 October 2007
Una historia de alfabetolandia
Por MarÃa Gallar Sánchez. 1er. premio del 8º Concurso de Cuento no-Sexista 2005. ConsejerÃa de Empleo y Mujer. CAM.
La letra A durante siglos habÃa sido considerada como ciudadana de segunda fila en Alfabetolandia. Mientras otras letras desempeñaban altos cargos en el Parlamento encargado de la creación de palabras, nuestra protagonista se ocupaba de las labores domésticas y del cuidado de las minúsculas. Sin embargo ella no era ninguna letra tonta y sabÃa de su importancia, pues era el signo que aparecÃa repetido en más palabras, además de ser la encargada de formar el femenino de muchos vocablos del español.
La letra O, en cambio, era la estrella. Siempre conseguÃa que las mejores palabras fueran masculinas ya que era muy influyente. TodavÃa se recuerda en el paÃs la vez en que la O propuso que los nombres de los árboles que en latÃn eran femeninos pasaran al español como masculinos. Debido a este cambio de género usamos “Olmoâ€? y “Chopoâ€? en vez de “Olmaâ€? y “Chopaâ€?.
Como ya os habréis dado cuenta el terreno en el que más chocaban ambas letras era el de los géneros. La A se quejaba de que algunos nombres femeninos tenÃan poca aceptación social e incluso variaban su  significado con respecto al masculino. No entendÃa por qué la “alcaldesaâ€? era la esposa del alcalde en vez de la mujer que en polÃtica presidÃa el ayuntamiento o por qué un “modistoâ€? podÃa diseñar alta costura mientras una “modistaâ€? sólo podÃa confeccionar y vender ropa en su tiendecita.
La A estaba harta y cansada de este menosprecio que se le hacÃa. QuerÃa entrar en el Parlamento encargado de la creación de palabras para poner fin a años de injusticia lingüÃstica y de discriminación social. Algunas letras como la S o la M la apoyaban y se manifestaban junto a ella por las calles de Alfabetolandia pero otras cuchicheaban a sus espaldas sobre si estaba loca o histérica. ¡Cómo iba la A a entrar en la cámara alta! Eso les parecÃa inconcebible…
Al llegar la letra M a presidenta del paÃs se decidió que la A podrÃa formar parte del Parlamento como una diputada más. El dÃa en que se aprobó esta ley hubo gran revuelo y algunos ciudadanos contrarios a la decisión protagonizaron actos vandálicos que tuvieron que ser contenidos por los policÃas antidisturbios, también conocidos como los paréntesis. Las letras más perjudicadas por estos vergonzosos sucesos fueron la CH y la LL, que en un ataque perdieron la mitad de su signo…
A pesar de la controversia inicial, los habitantes de Alfabetolandia poco a poco se acostumbraron a ver a la A sentada en su escaño, discutiendo con energÃa las palabras que la desfavorecÃan y proponiendo alternativas para preservar la igualdad léxica. ¡Era una magnÃfica polÃtica! Consiguió que se aprobasen femeninos para muchos oficios y profesiones que permitieron dar un nombre a abogadas, bomberas, arquitectas, notarias… La letra A pronto encabezó la vanguardia lingüÃstica de Alfabetolandia.
La O la solÃa observar desde su asiento estudiándola. Aunque muchas veces tenÃan opiniones diferentes, la admiraba porque habÃa luchado mucho para llegar a donde estaba y además sabÃa hacer bien su trabajo: era una dura opositora. Siendo la O la lÃder de las voces masculinas y la A la lÃder de las femeninas ambas sentÃan una simpatÃa especial la una por la otra.
En cierta ocasión hubo un debate curioso en el Parlamento que cambió el rumbo de la Tierra de las Letras. La cuestión que se abordaba era el genérico, asunto que interesaba especialmente tanto a la A como a la O. La primera se quejaba de que se usase el masculino para designar grupos en los que habÃa representantes de ambos sexos. PonÃa como ejemplo que en la clase de un colegio no sólo hay “niñosâ€? aunque los profesores suelan llamar la atención de los alumnos y alumnas mediante el grito que todos conocemos: “¡¡¡Niñooooos!!!â€?. La O argumentaba que decir “niños y niñasâ€? alargaba demasiado la oración. Nadie en Alfabetolandia sabe que mientras hablaba la portavoz del grupo masculino todo estaba cambiando, y es que la A miraba a su opositora con otros ojos… se fijaba en su pelo rizado y peinado a lo afro, en su elocuencia y en lo redondeado de su figura… ¿Siempre habÃa sido tan atractiva?
Al finalizar la sesión ambas letras coincidieron en una sala contigua. Pocas veces habÃan hablado fuera de la cámara pero esta vez una fuerza invisible las empujó a hacerlo. Se sentaron en un mullido sillón tapizado de rojo y charlaron sobre todo tipo de cosas: polÃtica, literatura, arte, viajes…
Al dar las doce en el reloj de cuco enmudecieron. Pasaron unos segundos mirándose en silencio, asimilando las horas de conversación y tratando de resumirlas en algo… ¿En un beso?… SÃ…
La letra A y la letra O se fundieron en un beso de amor y de respeto. Todas las diferencias y las peleas que habÃan tenido a través de los siglos quedaron olvidadas. NacÃa la @, que compuesta por dos antiguas adversarias era sÃmbolo de una nueva era. UnÃa femenino y masculino en uno sólo y en uno igual.
En la salita contigua a la cámara principal del Parlamento encargado de la creación de palabras habÃan entrado dos letras pero salió un único sÃmbolo. Aunque los demás diputados todavÃa no han acabado de aceptar a la @ como una letra más, lo acabarán haciendo porque tiene el corazón luchador de la A y el caparazón influyente de la O.
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