LA CONCILIACIÓN FAMILIAR ES CLAVE PARA APROVECHAR MEJOR EL TIEMPO EN EL PUESTO DE TRABAJO

Workcilia escribió esto antes de acostarse:

“En un contexto en el que prima conciliar la vida laboral con la personal es fundamental captar los problemas del entorno familiar y buscar soluciones, señaló Javier Urra en el transcurso de la presentación del I Curso Superior de Escuelas de Padres para Profesionales, una iniciativa que su entidad Urrainfancia, empresa consultora especializada en cuestiones familiares desarrolla con la Escuela de Negocios IDE-CESEM. En su opinión, “cuestiones como los divorcios que se alargan con graves disputas; la falta de medios económicos de una pareja; el paro de uno de ellos; el cuidado de personas dependientes; la enfermedad mental de algún miembro del núcleo familiar y los problemas relacionados con ludopatía, adicciones de drogas o los derivados de la justicia pueden quebrar la paz familiar.� 

Diseñar una metodología para un programa de estas características no ha sido  sencillo, señala Esther Alvarez, directora académica de IDE-CESEM. “Hemos desarrollado  un programa de 24 horas que pretende dotar al profesional de las habilidades necesarias para lograr una mayor calidad de vida en su hogar. Pretendemos centrarnos en la búsqueda de soluciones, a través del análisis práctico de casos que puedan darse en la vida real. Es evidente que una familia no es una empresa y se rige por otros parámetros diferentes.  Las relaciones entre padres e hijos es un factor que se analiza en este Curso pero luego hay otros factores colaterales que se deben tener en cuenta debido a su importancia “ 

Este programa que será impartido por expertos de Urrainfancia, profesionales como Eduardo Bordons, Director del Instituto Complutense de Drogodependencias, de reconocido prestigio que pretenden formar e informar a cualquier profesional que desee mejorar su entorno familiar. “La sociedad actual demanda no solo profesionales, sino padres cualificados, efectivos y eficaces que sepan disfrutar de su labor, de su tiempo, de las relaciones humanas, ya sea con miembros familiares o con amigos indica  Sonia Diaz, coordinadora de Urrainfancia. En su opinión, el proyecto de  Escuela de Padres es un elemento esencial para el desarrollo de cualquier política de conciliación de la vida familiar y laboral en el ámbito de la empresa. Por este motivo, cualquier profesional precisa de formación en su labor educativa, es una necesidad y una magnífica inversión social. Ser padres implica poner amor, experiencia, lógica, tener conciencia de esta sublime tarea, pero deben aportárseles técnicas, apoyos.� 

Para IDE-CESEM es muy grato desarrollar otra faceta en el campo de la conciliación, señala Javier Zardoya su director general. “Hasta la fecha nuestros programas estaban encaminados más al ámbito de la Conciliación, creando la figura del Experto en Conciliación, gracias al acuerdo suscrito con Fundación Mas Familia, e incluso yendo más lejos y desarrollando en las empresas, la figura, que pensamos será clave en unos años del Auditor de Conciliación. Un profesional que de alguna forma se encargue de cuidar el clima de conciliación de su empresa, además de otras cosas. El Programa que presentamos hoy en colaboración con Urrainfancia es pionero en el campo de la conciliación familiar.  Ayudamos a solventar los problemas familiares para que el profesional desarrolle su trabajo sin tensiones�. 

Urrainfancia es una empresa conformada por acreditados especialistas en educación en el ámbito profesional y académico, de las diversas facetas que desarrollan su labor en instituciones, en la privada, en la dirección de revistas…. Desde su creación hace varios años tiene por objeto reflexionar y dar pautas para manejarse correctamente con niños, adolescentes y jóvenes y hacerlo con herramientas útiles que permitan interpretar como placentera esa actividad a veces difícil. Cada uno de sus miembros resulta un referente claro en su área de actuación. La clave de su buen hacer es que están acostumbrados a trabajar en equipo y coordinadamente. 

IDE-CESEM es una de las Escuelas de Negocios decanas en nuestro país, que a lo largo de sus más de treinta años de historia ha sabido anticiparse a las necesidades formativas de más de 25.000 directivos y postgraduados.  Esta entidad mantiene acuerdos de colaboración con el Club Excelencia en Gestión, Fundación Más Familia, Forética o la Asociación Española de Dirección y Desarrollo de Personas (AEDIPE), por citar algunas instituciones  o universidades como la Universidad Pompeu y Fabra o la Jaume I de Castellón.  Su CAP (Círculo de Alumnos y Profesores) funciona como una auténtica asociación de antiguos alumnos con más de 2.000 miembros inscritos a día de hoy y que organiza eventos de forma periódica sobre temas de actualidad.
  

I Curso Superior Escuela de Padres
Inicio  10 abril 2007  : Horarios Martes y Miércoles de 18:00 a 21:00 horas.
http://www.ide-cesem.com/masters.asp?emm=1&masterId=77
Para más información:
Dpto Comunicación IDE-CESEM
Luis J. Sánchez/Mercedes Núñez
670752083/913105180

¡Discrimine!, para bien o para mal.

Workcilia escribió esto de madrugada:

Pilar Trucios. Redactora Jefe de Expansión .

Dicen las empresas españolas que han superado ya el período en el que a todos los empleados se les pagaba por categoría y antigüedad, donde, auspiciados por sindicatos que no dejaban de pedir, consiguieron café para todos en sistemas retributivos, médicos, descuentos de la hipoteca, créditos y aumento de días libres.

Un sistema paternalista que adolecía de discriminación individual y donde al profesional se le despedía en grupo o se le arrinconaba, pero pocas veces se le echaba por incompetencia o porque no encajaba.

Me pregunto si este sistema ha acabado por abandonarnos del todo o si las reminiscencias del pasado han dejado raíces difíciles de extinguir.

¿Verdaderamente existen diferencias llamativas entre los de su alrededor? ¿Creen que hay muchos directivos dispuestos a enfrentarse -para bien o para mal- con la evaluación de su equipo si no es porque su departamento de recursos humanos les obliga a destacar al diez por ciento de sus colaboradores, a penalizar a otro diez por ciento y dejar en stand by al resto?

Por otro lado, escasos profesionales saben pedir por lo que valen y siempre piden por comparación. Y si no, eche un vistazo a su alrededor y verá que abundan los colegas que al entrar en el despacho del jefe a convencerle de que les suba el sueldo atribuyen los muchos años que llevan en la empresa y lo poco que cobran con respecto al de al lado.

Desgraciadamente, escasean los que -con valentía y coherencia-, son capaces de decirle a su jefe que deben cobrar más porque su trabajo lo vale y porque, llevando sólo tres años en la compañía y sin dedicar muchas más horas que los demás, están consiguiendo más clientes que nadie, tienen el equipo más motivado y han aportado más ideas que ninguno.

Perdonen si les insisto en que las diferencias reales prácticamente no existen. Constantemente luchamos por la igualdad, por la equidad y no por la individualización, que es lo que a la larga diferencia a una empresa excelente de otra que no lo es, a un líder de un jefe, a un emprendedor de un trabajador.

Si no extinguimos las raíces, me da la sensación de que con la conciliación, la flexibilidad y los beneficios para toda la plantilla, la empresas ejercerán de padres de sus profesionales.

Por contentar a todos correrán el riesgo de pasarse por el extremo contrario, hasta tener tan satisfechos y motivados a todos los profesionales que acabarán -en un mercado en plena guerra de talento- quedándose con los que están tan a gustito y sin los que apuestan por la diferenciación.

A veces pienso que tener un buen sueldo o un buen puesto en una empresa depende más de la lotería que de la valía personal; depende del feeling con tu jefe directo, del funcional, de que los dos se pongan de acuerdo, de lo tenaz y pesado que uno sea entrando en el despacho de dirección con sus peticiones, del gran incremento de las ventas en las que no se ha intervenido, y sobre todo, de que, cuando el director proponga, no haya otro más hábil, pelota y con más feeling que yo.

Estoy a favor de la flexibilidad, los beneficios y el teletrabajo para los empleados, pero no para todos. Puestos a elegir, para bien o para mal, prefiero la discriminación. Si estoy de acuerdo con quien me discrimina, estaré más motivada. Si no, siempre tengo la opción de coger la puerta y largarme.

Dime qué decir

Workcilia escribió esto de madrugada:

Por Winston Manrique Sabogal. El País.

El lisiado ya no es lisiado, y de su pasado tullido nadie quiere oír hablar, porque de repente se convirtió en inválido, después pasó a ser minusválido, y de ahí a deficiente físico y discapacitado, hasta llegar a persona con disfunción motora.

Pero en esta transmutación, las palabras son inocentes. Son el lenguaje y el diccionario los que las han sometido en pos de la llamada corrección política. El arma con la cual se libra la última batalla por definir la realidad. “Es la insumisión de las minorías que están hartas de ser estigmatizadas, señaladas o marginadas, que reivindican el cambio de rótulos, etiquetas y sambenitos, y buscan ser ellas mismas las que decidan cómo llamarse”, explica Enrique Gil Calvo, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. Un territorio semántico y lingüístico donde políticos, grupos ecologistas, feministas, defensores de minorías o medios de comunicación batallan por el poder simbólico de definir la realidad.

Una tendencia surgida en Estados Unidos en los ochenta que muestra la metamorfosis programada para objetos, oficios hechos o personas a la hora de ser descritas. Es el caso de gordo, cuya referencia ha pasado por varias etapas de supuesta dignificación como fuerte, sanote, robusto, con sobrepeso u obeso.

Soluciones de la corrección política en aras del respeto, el protocolo de cortesía y de no herir susceptibilidades. “Lo que es innegable es que las palabras están cargadas de significados y connotaciones”, afirma Mercedes Bengoechea, decana de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alcalá de Henares. La sociedad, añade, no ha evolucionado al mismo ritmo que su lenguaje. “Hemos llegado a él con un uso heredado, y no podemos hablar igual. Cada sociedad y época necesita un protocolo de actuación”.

Y aunque nadie duda de la necesidad del respeto al otro, algunos como el escritor Javier Marías opinan que con esta ola de hipersensibilidad no se puede desdibujar la realidad y convertirla en un jardín de eufemismos. “La pretensión de que todo el mundo hable de una misma manera es incluso una actitud suicida, porque el lenguaje es una vía de información y de datos sobre la otra persona. La tendencia de dulcificar es tramposa, porque siempre habrá una palabra que cambiar”.

Un clásico es la palabra negro. Una voz que ha tenido un viacrucis circular: negro, moreno, de color, afroamericano, ébano, de ascendencia africana y, de nuevo, negro. Es el vocablo aliado de quienes están en contra del exceso de corrección política. Creen que el circuito a que ha sido sometida prueba que la manera de conjurar palabras manchadas es asumirlas con naturalidad. Sin enmascaramientos. Sin miedo.

Es contradictorio, según Marías, que “después de que ha costado siglos librarse de restricciones gubernamentales y eclesiásticas, ahora la gente se encuentre con tentativas que tratan de establecer lo que considero censura. Seconfunde lo descriptivo con lo utilitario de la lengua”. “Es la burocratización del habla, como la vida”, resume la escritora cubana Zoé Valdés.

Un grupo objetivo de lo políticamente correcto es el de personas con problemas físicos. El síndrome de Down no siempre se llamó así popularmente. Antes, a esas personas se les decía mongólicas, en una mera referencia descriptiva; después, subnormales, deficientes mentales y, ahora, discapacitadas psíquicas.

“El pasado de personas y palabras condiciona una parte importante de la convivencia. No hay que fomentar las palabras perniciosas que puedan resultar ofensivas”, aconseja Rosa Regàs, escritora y directora de la Biblioteca Nacional. Aunque detecta un problema: el riesgo de negar a la gente su condición. El periplo lingüístico y semántico de los inmigrantes muestra que han pasado por ser ilegales, sin papeles o indocumentados.

Por eso, las normas y las leyes deben ir por delante de la sociedad, afirma Regàs. Así se contribuye a la normalización de la igualdad. Un término que lleva a otra sonora batalla: la feminización del lenguaje. La que busca reducir la “invisibilidad” de la mujer en el habla. Rechazan el artículo o palabra genérica que engloba a hombres y mujeres, y optan por que se diga niños y niñas, o ciudadanos y ciudadanas, como ya lo recogen los estatutos catalán y valenciano. Y piden que se incorporen palabras como jueza, alfarera o dramaturga.Colectivos de gitanos, mujeres o gallegos han pedido la eliminación de definiciones o acepciones negativas sobre ellos. Entonces el tema salta al diccionario, a la Real Academia. Lo que se olvida, según el académico Ignacio Bosque, es que “el diccionario no juzga, sólo recoge y refleja el habla con sus múltiples significados y acepciones. Nos informa”.

Los gays, por ejemplo, no siempre fueron gays. En su pasado fueron maricas y llegaron a ser invertidos hasta que adquirieron la denominación de homosexuales o el ya universal gay; pero entremedias tuvieron un sinfín de adjetivos. El auge de esta tendencia en el lenguaje ha hecho que, incluso, se dude al hablar de indios. Sucedió con el presidente de Bolivia, Evo Morales, que al ser descrito como tal, algunos vieron más que eso.

“Es un reflejo de la hipocresía de vivir en un mundo más libre”, advierte Carlos Rodríguez Braun, catedrático de Historia del Pensamiento Económico de la Complutense y autor del Diccionario políticamente incorrecto. La generalización de la democracia, añade, ha estrechado paradójicamente el pluralismo, y hay ideas que no se pueden pensar y menos decir. El cineasta Mel Brooks ha invitado a “romper las ataduras de la corrección política. Porque el ser humano ha de tener la libertad para decir la verdad”.

Es el karma de las palabras, cuya visión panorámica la ofrece la escritora Elvira Lindo: “No es fácil desacreditar sin más la corrección política porque nació del intento legítimo de corregir un abuso histórico ligado a sectores de población que sufrían desprecios muy arraigados en el lenguaje. Hablo de Estados Unidos, donde nació la tendencia. Pero todo eso se desvirtuó, los colectivos que luchaban por sus derechos se convirtieron en grupos de presión que fiscalizaban el lenguaje y el pensamiento. En España, si bien es deseable cierta corrección porque nuestras maneras pueden ser groseras, sería un desastre para el ejercicio de la libertad de expresión que eso cundiera. No conduce a nada, no mejora la vida de quienes se pretende defender”.

Pero lo que cuenta no es la intención del que emite el mensaje, sino el marco en que va a ser reconstruido, coinciden Gil Calvo, Bengoechea y Regàs. Y la insumisión en pos de palabras para moldear el mundo sigue: carcelero y guardián han sido prejubiladas, a cambio de funcionario de prisiones; mientras tortura atisba un futuro de descarga sensorial; y…

 

 

No me compensa …

Workcilia escribió esto de madrugada:

Por Plácido Fajardo.
Directivo de recursos humanos de Telefónica España.
Mi amigo ha tenido una carrera de éxito en el mundo de la consultoría. En el camino ha tenido que superar toda clase de obstáculos y adversidades. Pero esa selección natural de la especie profesional, que hace que a la larga cada uno termine en el sitio que le corresponde (con excepciones, como en toda regla), ha hecho justicia con él.

Es socio de una de las primeras y más prestigiosas firmas globales. Aquel día charlábamos sobre los enormes cambios en los valores de las nuevas generaciones que se incorporaban al mundo del trabajo.

Me comentaba las dificultades de su compañía y de sus clientes para encontrar gente joven, con ganas, preparada y dispuesta a sacrificarse en aras de labrarse un porvenir, como decían nuestros padres. Como ejemplo me relataba su última y decepcionante experiencia.

Había tenido una serie de entrevistas con jóvenes de su compañía con el fin de reclutar un equipo de consultores para un importante proyecto internacional. Hablaba con uno de ellos y le contaba con entusiasmo la relevancia y visibilidad de este encargo para el cliente y la oportunidad de aprender sus procesos de negocio, sobre los que trabajarían a fondo.

Le recalcaba con énfasis la dimensión internacional del proyecto, que supondría para él integrarse en un equipo diverso y multicultural. Obviamente ello requeriría viajar con frecuencia durante algunos meses. También habría que trabajar duro para cumplir los ajustados plazos comprometidos, lo que podría conllevar jornadas laborales flexibles aunque extensas.

Pero, a pesar de estos inconvenientes, mi amigo le planteaba el reto como una auténtica ocasión de progresar personal y profesionalmente, de manera acelerada, en su incipiente periodo de aprendizaje dentro de la firma. El joven le miraba con un punto de escepticismo y tras escucharle, se despachaba con un lacónico “gracias por el ofrecimiento, pero es que no me compensa…”.

A mi amigo le brillaban los ojos mientras me lo contaba indignado: “Te das cuenta, ¡¡que no le compensa!! Los de nuestra generación debimos ser gilipuertas, porque cuando empezábamos ¡nos compensaba todo!, con tal de aprender y progresar lo más rápidamente posible”.

Yo le escuchaba con una mezcla de comprensión y solidaridad y pensaba en mis comienzos profesionales, hace más de veinte años. La verdad es que entonces ni siquiera se me ocurría plantearme si me compensaba o no, simplemente aceptaba encantado cualquier oportunidad profesional que mereciera la pena, por mucho sacrificio que exigiera.

Las nuevas generaciones son más celosas de su equilibrio trabajo/ocio. Quizá muchos de ellos han sufrido la ausencia de unos padres entregados por entero a su profesión. También algunas empresas han podido excederse al exigir más de la cuenta, ante la abundante oferta de mano de obra cualificada joven (que, por cierto, comienza a escasear).

Nadie duda de la necesidad de fomentar la famosa conciliación; estoy convencido de que las personas equilibradas consiguen mejor rendimiento y son más felices. Pero también es cierto que hay que sacar todo el jugo a los comienzos profesionales. Las carreras plenas y exitosas no caen de los árboles si no se han sembrado y regado adecuadamente.

Y ello requiere que de vez en cuando nos olvidemos de estar continuamente calculando lo que compensa en cada momento y en el corto plazo. A la larga, lo que más compensa es una vida profesional rica, comprometida y que deje huella. Y eso suele estar reñido con las medias tintas y con la exclusiva búsqueda del resultado inmediato.

Nuestra carta a los Reyes Magos

Workcilia escribió esto a última hora:

Desde Workcilia hemos pedido a los Reyes Magos, que nos traigan como clientes, empresas concienciadas con la sociedad, empresas que busquen aumentar sus cuentas de resultados y que deseen hacerlo con empleados motivados y comprometidos con ellas; empresas que deseen que la sociedad avance, que las personas tengan vida fuera del trabajo, para así poder dar el máximo en su puesto; empresas que piensen en las familias, en sus familias, y que reconozcan que nuestros hijos no pueden educarse con unos padres a los que apenas ven; empresas que velen por sus intereses y por los de la sociedad; en definitiva empresas justas, conciliadoras, y responsables.