27 noviembre 2007
Conciliar hay que proponérselo
Soy padre de una niña preciosa de 2 años y cada vez que llego a casa y mi hija me dice “papi, te quiero muchoâ€?, yo claro, alucino y pienso “pero que suerte hemos tenidoâ€?. Todo empezó cuando mi mujer por motivos de trabajo me planteó mi derecho y obligación a la conciliación por lo que tenÃa que llegar varias tardes muy pronto del trabajo. Esto era inusual para mÃ, incomprensible y pensé que no me podrÃa organizar por la cantidad de horas que pasaba en el trabajo , y por tanto me negué rotundamente. El planteamiento inicial fue un sà o sÃ, por parte de mi mujer, pues ya habÃa adquirido compromisos de ocio y trabajo a los cuales ella no podÃa renunciar.
Asà que decidà asumirlo y disfrutarlo. Aunque me quejé ante ella para hacer valer mi derecho, el mero disfrute del tiempo que pasé con mi hija, en la primera semana, me hizo olvidar esa lÃnea de negociación con mi mujer, pues se veÃa reflejado en mi cara lo mucho que habÃa disfrutado yendo al parque con la enana, bañándola y jugando con ella. Esa semana mi hija estaba más próxima a mÃ, que a su madre. Adquirimos más afinidad, y comprendà que los hijos son crueles, pues según el tiempo que pases con ellos, asà te tratarán y en algunos casos, te podrán hasta negar el saludo.
Ahora que mi conciliación es rutina, la niña va creciendo y me comunico más con ella, pues habla por los codos, lo cual resulta más divertido. Ahora ya no renunciarÃa a ese tiempo con ella. Mi mujer está contenta, yo también y la niña también, y lo que es más importante, mi trabajo sale igual de bien, por no decir mejor, pues me organizo de otra manera para ser mucho más productivo al tener menos horas disponibles para trabajar. Ha sido cuestión de tiempo y mentalización pero al final he conseguido ser más productivo en el trabajo y más feliz en mi vida privada y profesional.
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